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¡ADIÓS, INFANTIL DE 3 AÑOS!

Antes de marcharse, quisieron dejar huella, y la dejaron con sus propias manos: llenaron bandejas de pintura de mil colores y, uno a uno, fueron estampando su mano en el papel, cada uno con su color y su nombre al lado, hasta convertir un simple tronco en un árbol enorme lleno de vida.


Al mismo tiempo, prepararon la bienvenida para los más pequeños que el próximo año ocuparán sus clases: sentados en el suelo, colorearon letra a letra un cartel bien grande que dice BIENVENIDOS. Así quedó listo el regalo perfecto, un árbol de manos con nombres y un corazón dibujado con cariño, esperando para recibir a los nuevos niños y niñas.

Para despedir la etapa como se merece, no faltó una merienda especial entre amigos, con fruta fresca y muchas risas. Porque, aunque cambien de clase, siempre queda algo de ese primer año: las primeras amistades y la certeza de que, en el cole, siempre hay sitio para crecer con cariño.